“Primero pienso, luego existo”, escribió el filosofo René Descartes en
su obra “El Discurso del método para
conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias”, se dice
que tituló su obra como un “Discurso” y no como un “Tratado” porque no tenía la
intención de enseñar, su deseo era únicamente promover un debate en este
sentido. El pensamiento genera identidad, define posiciones y permite que individuos con ideales similares
puedan vincularse bajo una causa común, aplicando una estrategia lógica,
aceptada por un colectivo a fin de alcanzar resultados concretos.
Hace unos 60 años un grupo de costarricenses tuvo un pensamiento único,
pensó que en medio de una época de guerras e inestabilidad social, Costa Rica
podría diferenciarse del resto de países latinoamericanos, siendo ejemplo de
una sociedad democrática, solidaria y pacífica. Este pensamiento que nació al
final de la década de los 40’s se caracterizó por tener un alto componente de
rebeldía (rebeldía contra el conformismo). Este grupo de personas cobijó su
pensamiento dentro de una entidad intelectual, social y política que llamaron
Partido Liberación Nacional, fue a través de esta “estructura” que se promovieron
en Costa Rica una serie de transformaciones político-sociales, en la búsqueda
de un sistema político y gubernamental que fomentara un desarrollo integral,
dinamizando ejes pilares de la economía como educación, salud, tecnología y
seguridad social; sin duda alguna, en aquella época, Costa Rica sorprendió al
mundo.
Seis décadas después, todos nos preguntamos, ¿qué pasó con ese partido
idealista?, parece ser que ese pensamiento transformador se convirtió en un meras aspiraciones de elección popular; un partido político no es un ser en sí mismo, la
identidad del mismo no es otra cosa más que el pensamiento de sus partidarios y
no al contrario. La pérdida de identidad del PLN, refleja una crisis en el pensamiento costarricense en todos los niveles
(municipal, provincial y nacional) y es que no es suficiente con pensar, un
pensamiento que no se transforme en acciones concretas no pasará más allá de
ser un deseo inútil.
La precariedad intelectual de nuestra política tampoco es meramente un problema de
una élite o grupo selecto de políticos, el mismo circo que se ve en la
Asamblea Legislativa se repite en la mayoría de Consejos Municipales a lo largo
del país. Aún quedan algunos líderes valiosos, sin embargo están inmersos en
una sociedad con serios problemas de gobernabilidad, excesos de control
burocráticos y una gestión pública que carece de pertinencia.
Es hora de volver a generar revoluciones intelectuales, para esta labor
no existen discursos eternos ni apellidos legendarios, es un reto que debe ser
tomado por las nuevas generaciones de políticos, principalmente por la juventud del
PLN, la cual al ser el relevo generacional del partido más grande del país,
tiene la gran responsabilidad de revivir ese “pensamiento 48”. Claramente tendremos
que vivir con estas falencias por unos cuantos años más, sin embargo es el
momento preciso para promover una generación de cambio, que luche y sueñe, como
hace seis décadas, por una Costa Rica próspera y ejemplar.
De todos modos las reglas son claras, si no vivimos como pensamos,
terminaremos pensando como vivimos.
Juan Ignacio Rodríguez Araya “
